sábado, 27 de octubre de 2007

HÉROE

¿Quién no a deseado alguna vez ser un superhéroe? Incluso conformado con ser héroe a secas, sin más. Pero siempre se tienen preferencias para las cosas, incluso para estos grandes seres. Todos tenemos nuestro/s favorito/s de entre los miles que existen y hemos podido ver desde las fascinantes y cuadriculadas viñetas de los cómics a la mayor de las pantallas de cine si hemos tenido la suerte de que se juntaran allá por hollywood guionistas, directores y, sobre todo, productores con nuestros mismos gustos de superpoderes.

Desde muy pequeños, cuando los veíamos surcar los aires o salvar a las siempre bellas inocentes, no podíamos evitar que los ojos se nos convirtieran en vajilla de porcelana ni dejar de imitar de manera ridícula pero bastante divertida todos los movimientos de nuestros grandes mentores, incluso sin que muchas veces nuestra pronunciación de aquellos tiempos nos permitiera dejar tan alto como hubieramos querido sus nombres. Lástima que con el paso de los años, mas que irnos dando cuenta, nos vayan tatuando en el ánimo que todas esas metas son imposibles. Y digo esto porque a mi tierna edad de cuasi veinticuatro años sigo pensando que se puede llegar a ser un héroe. Es más: hoy he sido uno. Con el coche en el quirófano y de vuelta al maravilloso mundo del transporte público, mi sentido arácnido hizo que me percatara de cómo una joven doncella comenzó a gritar desolada ante el repentino ataque del Avispakumon, un ser malvado con el cuerpo de avispa y la mente de un profesor de mates. Aprovechando el revuelo creado por el pánico que se infundó por todo el autobus aproveché para metamorfosearme y lancé mi kame-hame-ha más poderoso contra mi maléfico adversario, derrotándolo y salvando a la joven en apuros que se desizo en elogios por mi valentía y fortaleza. Resumiendo: Que ante el susto que propinó una pequeña avispa a una chica sentada justo a mis proximidades le di utilidad a la cada vez más amarillenta prensa diaria.

Pero lo que si es verdad es que, aunque fuera por tan sólo un instante, aunque ese momento fuera ínfimo y efímero, creo que pude sentir lo mismo que siempre he imaginado que debían sentir esas grandes persona muchas veces enfundadas en mallas poco dignas de su reputación. Y es que quizás deberíamos pensar que los verdaderos héroes existen y los vemos todos los días, haciendo pequeñas cosas por los demás, y que no son como siempre los han pintado... aunque si que es verdad que nos gusten mucho más así. Pero para eso se inventó el cine...


viernes, 19 de octubre de 2007

EMPEZAR DE NUEVO

Hoy me he puesto a tocar el bajo. Hace mucho tiempo que empecé a tocarlo, pero también es mucho el que ha pasado desde la última vez que sus cuerdas tocaron mis dedos. Tanto que esos mismos dedos han olvidado cómo devolverle las caricias. Porque ya se sabe que la distancia enfría el amor, y para hacer música se necesita amarla, y el amor hay que trabajarlo. Así que me he puesto en marcha para recuperar el tiempo perdido y a esperar que se me perdone mi desgana y nula voluntad.

Para ayudar a esta reconciliación que mejor que ver juntas estas dos grandes pasiones mías que son el video y la música, que si por separado son dignos de admiración en conjunto no hacen más que engrandecerse una a la otra. Aquí os dejo una pequeña maravilla, que no por pequeña es menos maravilla, de manos de algún álter ego de mis gustos, pero con un poquito más de trabajo a sus espaldas.



martes, 16 de octubre de 2007

CORTOS, CORTOS, CORTOS...

Porque no puedo parar de ver cortos. Y si son amateur mejor que mejor. Ver en no más de diez minutos como un grupo familiares, amigos o simples conocidos, nos cuentan algo, cualquier cosa, por muy banal que sea, pero al fin y al cabo algo suyo y nada más que suyo, desde su mirada y no desde la de cualquier otro, y en cada pequeño detalle aprecias ese esfuerzo porque así sea supliendo la gran falta de medios por un ingenio e ilusión mayores aún... Sinceramente como diría un conocido spot publicitario: No tiene precio. Por lo menos para mi.

Y aquí os dejo con un par de estas joyitas de mi gusto que en esta ocasión gustarán en especial a los seguidores de esa gran saga galáctica que puede gustar más o menos, pero que a alcanzado un universo quizás más grande del que describe.



lunes, 15 de octubre de 2007

EL RETO DE LA HOJA EN BLANCO

Y es que es un gran reto. En toda regla. Ese tópico de jerga común entre los escritores que es fácilmente extrapolable a cualquier ámbito de la coteidianidad de nuestras vidas. Y no iba a ser una excepción el mundo de los bloggers. Por mucha que sea la saturación de conocimientos, deseosos de ser absorvidos por otras personas, que inundan tu cabeza, cuando parece que el exprimirlos será lo más fácil del mundo, esa hoja en blanco no se convierte más que en un agujero negro que seca todo tu intelecto.

He leido y escuchado toda clase de consejos para solventar este pequeño síndrome de Guillain-Barré de la imaginación. Uno de ellos es tan simple y práctico como el hablar de uno mismo. Sí, sí. Para que devanarse los sesos inventando una serie de acontecimientos que puedes rescatar de tu día a día. Y creanme que útil es. Y mucho. Y que mejor manera de ponerlo en práctica que inaugurando un humilde blog personal.

Empezando por el nombre del blog. ¿Que por qué Cuarto Menguante? Quizás sea simplemente por la unión de la versatilidad de la que la retórica a dotado a estas palabras y lo que ellas mismas me quieran significar. Yo siempre he considerado un blog como algo personal, como un pseudo diario en el que sólo escribes lo que quieres que vean los demás y puede que sólo lo que los demás quieran ver, y pocas cosas son tan personales como tu cuarto o habitación, del que muchas veces necesitas que mengüe lo suficiente hasta arroparte del mundo que tienes fuera y así darte lo que quieres creer necesitar para volver a salir de él, sabiendo que siempre podrás volver. ¿Y qué decir de la Luna?¿A alguien le transmite desaire? Pues dentro de esa belleza veo al cuarto menguante como la excepción que confirma la regla, como el patito feo que esconde belleza, y me veo un poco como él, reflejado tenuemente en el mar de la sociedad pero que insiste en brillar con su luz propia, que no deja de ser herencia de la Luna.