¿Quién no a deseado alguna vez ser un superhéroe? Incluso conformado con ser héroe a secas, sin más. Pero siempre se tienen preferencias para las cosas, incluso para estos grandes seres. Todos tenemos nuestro/s favorito/s de entre los miles que existen y hemos podido ver desde las fascinantes y cuadriculadas viñetas de los cómics a la mayor de las pantallas de cine si hemos tenido la suerte de que se juntaran allá por hollywood guionistas, directores y, sobre todo, productores con nuestros mismos gustos de superpoderes.
Desde muy pequeños, cuando los veíamos surcar los aires o salvar a las siempre bellas inocentes, no podíamos evitar que los ojos se nos convirtieran en vajilla de porcelana ni dejar de imitar de manera ridícula pero bastante divertida todos los movimientos de nuestros grandes mentores, incluso sin que muchas veces nuestra pronunciación de aquellos tiempos nos permitiera dejar tan alto como hubieramos querido sus nombres. Lástima que con el paso de los años, mas que irnos dando cuenta, nos vayan tatuando en el ánimo que todas esas metas son imposibles. Y digo esto porque a mi tierna edad de cuasi veinticuatro años sigo pensando que se puede llegar a ser un héroe. Es más: hoy he sido uno. Con el coche en el quirófano y de vuelta al maravilloso mundo del transporte público, mi sentido arácnido hizo que me percatara de cómo una joven doncella comenzó a gritar desolada ante el repentino ataque del Avispakumon, un ser malvado con el cuerpo de avispa y la mente de un profesor de mates. Aprovechando el revuelo creado por el pánico que se infundó por todo el autobus aproveché para metamorfosearme y lancé mi kame-hame-ha más poderoso contra mi maléfico adversario, derrotándolo y salvando a la joven en apuros que se desizo en elogios por mi valentía y fortaleza. Resumiendo: Que ante el susto que propinó una pequeña avispa a una chica sentada justo a mis proximidades le di utilidad a la cada vez más amarillenta prensa diaria.
Pero lo que si es verdad es que, aunque fuera por tan sólo un instante, aunque ese momento fuera ínfimo y efímero, creo que pude sentir lo mismo que siempre he imaginado que debían sentir esas grandes persona muchas veces enfundadas en mallas poco dignas de su reputación. Y es que quizás deberíamos pensar que los verdaderos héroes existen y los vemos todos los días, haciendo pequeñas cosas por los demás, y que no son como siempre los han pintado... aunque si que es verdad que nos gusten mucho más así. Pero para eso se inventó el cine...
sábado, 27 de octubre de 2007
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2 comentarios:
solo dos palabras:
¡están colgados!
la verdad es que me he reido bastante, pero hay que reconocer que no hay unos frikis mayores.
gracias por este pequeño retazo de locura.
nana
Lo héroes existen, sobretodo esos pequeños héroes que pasan desapercibidos y conforman sus acciones en pequeñas cosas positivas. No se donde se habla de los dioses de las pequeñas cosas.
El vídeo es fantástico, friki como el solo, pero fantástico.
Un saludo. Bienvenido
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